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lunes, 2 de febrero de 2026

Crítica: SUEÑOS DE TRENES

La esperanza de Netflix para los Oscars de Hollywood es un western sin disparos. Película contemplativa que habla de muchas cosas, pero por encima de todo del duelo y del paso del tiempo. Toda una vida que, no obstante, no es para todos los públicos. Esta semana hemos visto: SUEÑOS DE TRENES.

Train Dreams está dirigida por Clint Bentley, y ha sido nominada en los Oscars en 4 categorías, entre ellas a mejor director. Es una película de bajo presupuesto, independiente, pero potente a nivel visual, con una gran fotografía. Y es que Robert Grainier (Joel Edgerton) es un hombre que vive de la industria del ferrocarril, debido a que tala árboles para la industria en expansión. Un día conocerá a la que será su mujer (Felicity Jones) y juntos construirán una cabaña, donde vivirán con su hija. Pero el buen hombre tendrá que echar largos períodos de tiempo lejos de ellas, ya que la temporada de la tala se lo exige. Viajaremos con él a parajes impresionantes y también asistiremos a la forma de relacionarse que tienen unos y otros en un trabajo tan solitario, pero a la vez coral. Con el avance del metraje asistiremos a sucesos que impactarán en la vida del protagonista y que serán duros de asimilar. Se convierte, pues, en un viaje de vida y de duelo constante que logra transmitir al espectador el tremendo pesar y tristeza.
Un Joel Edgerton que está sublime y que, quizás, podría haber estado nominado al Oscar, a pesar de la dura competencia. En cualquier caso, como imaginaréis, el filme no es para todos los públicos, puesto que peca de ser algo lento. Es el cine que gusta en la academia, pero que al espectador de estar por casa no acabará de entrarle. Está en Netflix e imagino que el impacto de las cuatro nominaciones puede influir, pero no es una película fácil de digerir, ni mucho menos fácil de soportar. Las palabras sobran y los parajes y las imágenes se imponen. La fotografía es espectacular y los personajes secundarios son sobrios. Nada en la vida del protagonista es excesiva, pese a que intenta encontrar la felicidad en las cosas más mundanas. La desgracia parece perseguirlo, como así lo narra, y también asistimos a lo dura que era la vida en esas épocas. Es interesante que el bajo presupuesto no haya impedido que la película de Clint Bentley pueda llegar tan lejos.
En definitiva, SUEÑOS DE TRENES es una buena película, pero no es la que busca la mayoría. Es de desarrollo lento, nos lleva de la mano junto a un Joel Edgerton que logra brillar, pero al margen de eso todo es triste, pesaroso. La gran fotografía se encarga de ese aire opresivo y melancólico que ha calado en los académicos. Cine de autor, que no por ello malo, ni mucho menos, pero para ciertos paladares. Echadle un vistazo.

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