Los coreanos siempre traen cosas interesante, pese a que se trate de una adaptación que ya fue película. Su toque se mantiene, a caballo entre una comedia y un drama. Un hombre se queda sin trabajo y ha de crearse su propio puesto de trabajo. Esta
semana
hemos visto: NO HAY OTRA OPCIÓN.
No other choice o Eojjeolsuga Eobsda está dirigida por Park Chan-wook y se trata de una película social. Tenemos a un hombre que lleva 25 años trabajando (Lee Byung-Hun, el malo de El Juego del Calamar) y al que las nuevas tecnologías echarán de su puesto de trabajo. La industria del papel no necesita tantas manos y, siendo del este como son con el trabajo, acaba llevándolo a una situación límite. Tiene una casa tremenda, una familia que mantener, con mujer, dos niños y dos perros. Su mujer pronto tendrá que comenzar a trabajar (Lee Byung-hun) y él tendrá que bajarse del burro y hacerlo en otras industrias. Pero de alguna manera sabe que la empresa que ha fagocitado a las demás busca un hombre con experiencia, y ahí está él. Sin embargo, la competencia es feroz. ¿Y cómo se crea él mismo el puesto de trabajo y la necesidad de que la empresa lo contrate? Sí, acabando con la competencia. Y aquí es donde la película se torna una tragicomedia social al más puro estilo Parásitos. Intentará estudiar a sus competidores, adentrarse en sus vidas y acabar con ellos, pero no le será fácil.
La película es una crítica social al mundo laboral coreano y posiblemente japonés, donde perder el puesto de trabajo crea un verdadero trauma, no solo al protagonista, sino al resto de trabajadores de la empresa. Algunos de los aspirantes al puesto de trabajo por el que compiten llegan a momentos deplorables, frente a la energía de sus esposas, que a su vez retratan el mundo machista en el que viven al quedarse en casa y que sea el hombre quien sustente a la familia. Esto todavía se lleva en dichos países, por lo que acabar sin trabajo supone todo un trauma. En cuanto al filme, se muestra algo irregular en cuanto al ritmo, pese a que al final va animándose. A su vez, el tono trágico y de humor negro quizás pueda no encajar en alguna circunstancia, aunque es inevitable soltar una carcajada incrédula de vez en cuando. Esto ya es cosa del cine y del ritmo pausado de los asiáticos, al que estamos poco acostumbrados. Las interpretaciones son correctas, muy coreanas, aunque Lee Byung-hun está bien al cambiar de registro tras El Juego del Calamar.
En
definitiva, NO HAY OTRA OPCIÓN es una buena película. Contiene grandes dosis de crítica y sátira social. Hay muchas capas en un filme que se toma su tiempo para desarrollar el guion. Quizás los personajes son algo planos y no empatizamos demasiado, pero sí que nos hará pensar en el mundo en el que vivimos. Hay que restarle hierro a todo y, quizás, cuanto uno menos necesite para vivir, mejor. No os la perdáis.



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