Tras Avatar, que fue un fenómeno, y El sentido del agua, nos llega la tercera parte de una saga que no inventa nada nuevo y repite lo mismo que las anteriores, pero cuyos efectos digitales siguen asombrando. Taquillera lo será un rato. Esta
semana
hemos visto: AVATAR: FUEGO Y CENIZA.
Avatar: Fire and Ash está dirigida por James Cameron, que tira la casa por la ventana, como ya hizo con las dos primeras entregas, para regalarnos otro espectáculo visual. En mi caso, la vi en 4D 3D y la experiencia es muy satisfactoria, por mucho que las gafas te resten color. El movimiento, el viento, el agua... una de las mejores opciones si queréis disfrutar y saber que el dinero no se ha derrochado. En cualquier caso, tenemos lo mismo de siempre, puesto que el guion va de lo mismo, añadiendo al cóctel un nuevo clan Na'vi que no es amistoso (Oona Chaplin) y que se aliará a los humanos (Stephen Lang) para combatir contra los de siempre (Sam Worthington, Zoe Saldaña, Kate Winslet y todo el clan). Estos quieren proteger las crías marinas e intentar que los humanos no devasten Pandora, pero en cuanto estos descubren que es posible la vida sin máscaras, se lanzarán con todo para dar con la Na'vi que es capaz de hacer tal cosa posible. Con lo cual, la guerra da comienzo y con ella se darán algunas alianzas inesperadas y giros argumentales que, pese a que sabemos cómo acabarán, llenan las 3 horas y 15 minutos de metraje que sí, es excesivo.
Y es que no sé si a James Cameron eso de centrarse en la tecnología y los efectos, que se le da muy bien, le afecta en demasía a la hora de crear una gran historia para nuestros protagonistas. Se viene una cuarta y quinta entrega, pero temo que el hastío del espectador acabe por convertir la saga en más de lo mismo. Y es que van tres películas. Con Avatar fue apabullante, con El sentido del agua la cosa quedó algo por debajo y fue también casi un clon de la primera, salvando distancias, y con esta tercera esperábamos un gran cambio que no ha llegado. Ahora no le quedan más excusas, aunque no sé qué otra historia más se inventará, porque todo acaba siendo combates, idas, venidas, más combates, alguna muerte esporádica que tampoco afecta mucho a la trama, dramas familiares con intensidad y un duelo que parece enquistado. Por otra parte, tenemos a la raza humana, mala malísima, que pretende acabar con todo y hacerse con los recursos para ganar dinero (guiño a EEUU). En cualquier caso, la película merece mucho la pena en pantalla grande, ya sea en 2D, 3D, 4D-Emotion o todo lo que le eches. Su único pero es la duración, aunque intenta que en todo momento el espectador quede hipnotizado con sus efectos digitales, luces, colores y movimientos aéreos y acuáticos. En ese sentido, está muy por encima del resto y es tremendamente apabullante.
En
definitiva, AVATAR: FUEGO Y CENIZA es una superproducción palomitera que se convierte en un espectáculo en estado puro. Aun siendo lo mismo que siempre, se disfruta igualmente. Por supuesto, a James Cameron le hará falta un buen guion para la próxima, o sus resultados pueden no ser los esperados. Seguiremos con atención lo que sucede en Pandora y si los humanos conseguirán dominarla, pese a los esfuerzos Na'vi. No os la perdáis.
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